Es evidente que tengo una visión optimista de Europa. Intento hacer más fácil y cercana la esfera europea al ciudadano de a pie en esta bitácora. Pero no por optimista voy a pecar de iluso. Cosas como la situación que nos ocurrió a un grupo de personas el 23 de abril de 2008 no deberían pasar, ni en Europa ni en ningún sitio del mundo.
En otros lares, por lo visto, es peor. Un neoyorquino me contó que se vio en la misma situación pero en su ciudad, en EE.UU. Iba acompañado por un europeo (no le conozco), que enseguida se interesó por el hombre que estaba tendido en la calle. En este caso era claramente un drogadicto, según me contó el neoyorkino. El estadounidense insistía en dejar al pobre hombre en la calle, a su suerte, a lo que no accedió el europeo. Hicieron una llamada de socorro a la policía y les llevaron a comisaría, donde pasaron ¡tres horas! de interrogatorio antes de poder ir a su casa. El europeo, al salir, insistió en que habían hecho lo debido; el neoyorquino, que no tenían que pasar por ese trance.
Dejo a la conciencia de cada uno el juicio de las posturas de uno y otro. Por mi parte pienso que, si soy yo el que por una causa u otra se ve desplomado en la calle, toda la ayuda sería poca. Si esto es lo que quiero para mí, es lo que querría para cualquiera, en Europa y en el resto del planeta por igual.
martes, 27 de mayo de 2008
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